sábado, septiembre 09, 2017

Copi en el Cervantes: celebración y repudio


“¿A Copi lo van a montar en el Cervantes? ¿Y en la María Guerrero? ¡Entonces yo tengo que ver eso!” Ésa fue mi reacción al ver un cartel, sobre la Avenida Córdoba, que promocionaba el díptico Eva Perón y El homosexual o la dificultad de expresarse, de Copi, en el Teatro Cervantes.

A mí me ha gustado lo poco que he visto de Copi sobre las tablas: Cachafaz en el Teatro San Martín, extractos de La mujer sentada en el Centro Cultural Rojas. Y también me han fascinado tanto sus múltiples talentos (escritor, dibujante, actor), como su ímpetu de transgredir, provocar, o en definitiva expresar su perspectiva del mundo mediante la controversia.

En lo que buscaba los horarios de las funciones por internet, me enteré de que el papel de Evita sería interpretado por Benjamín Vicuña, un conocido actor de televisión con una presencia notable en las revistas de farándula.

Dicha elección me sorprendió y al mismo tiempo me desconcertó: por un lado, que yo supiera Vicuña no era conocido por sus dones histriónicos sobre las tablas; y por el otro, el escenario del Cervantes no se me correspondía con este tipo de producciones. No tardaría en descubrir que no estaba solo, ya que en cierta parte de la intelectualidad porteña, el casting generó irritabilidad -por decir lo menos.

Para algunos, la directiva del Teatro Cervantes, con Alejandro Tantanian a la cabeza, parecía buscar cierta notoriedad, catalizada por la elección de Vicuña y la polémica propia de la pluma de Copi, que decantara eventualmente en una buena taquilla. Para otros, la indignación venía dada porque un actor, con un talento dramático cuestionable y hasta cierto punto incomprobable, liderara una obra en el único teatro nacional de la Argentina.

En todo caso, la controversia ya estaba servida. Yo debo confesar estas polémicas siempre han llamado mi atención. (Fui a ver a Pinti en El burgués gentilhombre y a Luciano Cáceres en el Macbeth de Javier Daulte, ambos en el Teatro San Martín.) Me da curiosidad no sólo asistir a estas producciones, sino también ser testigo del debate que provocan; y me encanta que en Buenos Aires el teatro tenga tanta importancia en la agenda cultural y, por consecuencia, alimente debates intelectuales interesantísimos.  

De manera que, si mi reacción inicial estaba motivada por el interés de ir a ver a Copi en el Cervantes, mi reacción siguiente estuvo motivada por la curiosidad: a fin de cuentas, ¿qué tal estarían las obras?

El homosexual o la dificultad de expresarse estuvo maravillosa. Cada interpretación  estuvo impecable; la puesta en escena tuvo muy buen ritmo; mientras que la escenografía, el vestuario y el maquillaje fungieron de estupendos complementos para lo que cobró vida sobre el escenario. (Después de admirar la asombrosa actuación de Hernán Franco, me uní al coro de voces que se preguntaba cómo sería Evita interpretada por él.)

Luego vino el entreacto: la idea de que un travesti interpretara extractos de entrevistas de Copi estuvo genial; la implementación: no tanto. Y creo que se debió a fallas que se repitieron en la segunda parte del montaje...

Evita Perón estuvo bien. La interpretación de Vicuña estuvo decente, pero a la obra le faltó ese filo, ese punch tan sui generis de Copi que tan bien logrado estuvo en la primera parte. Ahora bien, yo no le adjudicaría esa falta, al menos en términos absolutos, a la tibia actuación de Vicuña. Yo pondría la culpa sobre la puesta en escena. A Evita le faltó pulso, no entendí ese par de cortes que tuvo; la sentí lenta y por momentos aburrida. Y si esos adjetivos forman parte de un veredicto de algo de Copi, entonces se podría afirmar que la puesta estuvo lejos de ser exitosa.  

¿Cómo salí del Cervantes luego de presenciar todo esto?: contrariado, pues aplaudí algunas cosas y repudié otras. Celebré que el Teatro Cervantes haya logrado, al menos por unos días, insertarse en la discusión de la cultura porteña; celebré que se haya escenificado el talento de Copi en la tarima máxima del teatro nacional argentino. Pero por el otro lado repudié que en efecto el papel de Evita no estuviera interpretado por un auténtico talento dramático (Hernán Franco, para no ir muy lejos); repudié que la única forma que la directiva del Teatro Cervantes haya encontrado para ganar notoriedad, haya sido mediante la elección del actor en cuestión.


En estos días fui al CCK y leí una cita de Edgardo Giménez que decía: “El verdadero arte es el que no te deja ileso.”  Ver ese doble montaje de Copi en el Cervantes no me dejó ileso, pero yo no sé si fue precisamente por el arte que vi sobre las tablas.

jueves, septiembre 07, 2017

Tu cuello

Tu cuello
visto desde atrás
es una columna
que deviene
  con el tiempo
en sinuosidad
y sobre la que corona
  imponente
tu primera cueva.

Pero tu cuello
  también es
un precipicio
de donde dejo caer
mis manos
   hacia tu sur.

A lo largo
de esa caída
  blanca
  tibia
  leve
mis manos van
  palpando
  revelando
tesoros.

Esa caída
es la única
en cuyo centro
uno encuentra gloria.

Y ese centro
también es
  una oportunidad
para dar la vuelta
hacia la otra parte
  tu norte
una oportunidad
para seguir
  descubriéndote
  descubriendo
  tus otros tesoros
y una oportunidad
para empezarlo
para empezarlo todo
de nuevo.

jueves, agosto 10, 2017

Nuevos (y buenos) cafés de Buenos Aires


Buenos Aires está pasando por un excelente momento de café. Las opciones para los apasionados de ese maravilloso brebaje no sólo se multiplican, sino que también la calidad de esas nuevas ofertas ofrece un altísimo nivel.

Lo otro que llama la atención de este boom de cafés de especialidad, es que el epicentro parece haber sido desplazado desde los confines de Palermo hacia los predios de Microcentro y Retiro: acá es donde se está haciendo el mejor café de la ciudad, chicos.

Los cafés que les enumero a continuación son sitios que abrieron recientemente, de manera que no fueron tomados en cuenta para las dos listas que les he compartido con anterioridad.

Hábito (México 1152): tenía tiempo queriendo escribir sobre (y recomendar) este café. Ubicado en el barrio de Montserrat, a este recinto siempre lo he encontrado bastante inspirador. (Debe ser porque comparte espacio con el Teatro La Ranchería.) El punto es que las veces que he ido allí he logrado escribir por horas. El café es muy sabroso y los meseros son muy serviciales. También se puede leer con mucha calma. Así que, como ya verán, son varias las razones las que me llevan a recomendarles este café con entusiasmo.

SALT Coffee and Kitchen (Maipú 558): lo primero que destaca de este lugar es su amplitud. Es uno de los locales más grandes que ha abierto por estos días. El diseño es minimalista y la paleta de colores exuda cierta sobriedad. El sitio en general es bastante cómodo y silencioso, lo que lo hace perfecto para leer o escribir. En este oasis de serenidad que puede encontrarse en pleno frenesí de microcentro, la atención es muy cálida y el café es exquisito.

Café Registrado (Costa Rica 5901): este local exuda ambición, pues es mucho más que una simple cafetería. Un laboratorio donde se tuesta el café está a la vista de todos, por ejemplo. La estética neo-industrial, con matices metálicos, le confiere un perfil bastante llamativo. El servicio es muy competente y también se ofrecen menús de comida para almuerzo. (Por lo que estuve viendo, lucen bien apetitosos.) El local, especialmente al mediodía que está bastante concurrido, se hace un poco ruidoso, así que no recomendaría venir a escribir o leer. El café es muy rico, eso sí, que a fin de cuentas es lo que más importa.  

Santa Café (Moreno 818): De los nuevos cafés, yo me atrevo a decir que éste es el que ofrece la mejor calidad. Laura, junto a su esposo, que formaron parte de lattente, se han esmerado por ofrecer un café muy, pero muy rico. Las veces que he ido, el sitio ha estado bastante tranquilo. El espacio ofrece calidez e intimidad, pero sólo para el tiempo que te lleve tomarte el café, que es la prioridad máxima del lugar. El servicio es sin duda lo segundo mejor del sitio. (Los que conocen a Laura ya son testigos de su irresistible dulzura y amabilidad.)

La Motofeca (Paraguay 627): este quizá sea el local más interesante dentro de toda esta nueva oferta. Lo que comenzó siendo como una camionetica intervenida para vender café por la ciudad, ha sabido encontrar el próximo paso natural en su evolución en un espacio con todas las de la ley. El café es de altísima calidad, el recinto está muy bien diseñado, y su luminosidad hace que resaltes tu atención en lo que sea que hayas venido a hacer.

La Unión (Esmeralda 266): este local pertenece a una especie de núcleo de cafés de especialidad localizado en Microcentro. El café es muy rico, la atención es muy cálida, pero en lo personal no lo encontré muy cómodo, así que les recomiendo que se lo pidan para llevar, porque los brebajes que allí se sirven son ciertamente deliciosos.

Estilo Barista (Cerrito 1224): La ubicación de este café (para unos Retiro, para otros Recoleta) ofrece cierta calma, tanto externa como interna, muy propicia para leer o escribir. El café es muy rico, yo diría que segundo únicamente al de Santa, y la atención es bastante cordial. El espacio es reducido, pero no agobiante, para nada, al contrario: dentro del local se respira una intimidad bastante acogedora.

Como se habrán dado cuenta, mi obsesión por encontrar café rico en la ciudad está lejos de atenuarse. Así que si saben de algún sitio nuevo que deba visitar, no duden incluirlo en sus comentarios.

¡Que tengan muy buen café!

sábado, julio 29, 2017

Atom: bar audiovisual

En mi constante búsqueda de sitios interesantes de Buenos Aires, hay resultados que son determinantes: momentos en los que he encontrado algo tan atractivo que debo conocerlo ese mismo día.

Así me pasó con mis sitios favoritos de la ciudad: Negro Cueva de Café, Chan Chan, Sarkis, La Poesía, Los Galgos, 878… y un largo etcétera. Y así también me pasó ayer con Atom.

Atom es un bar audiovisual ubicado en San Telmo. Supe de su existencia gracias a un post de los genios de BUENOSAIRESconnect, una de mis fuentes de sitios interesantes de la ciudad. En lo que leí la nota sentí un impulso irrefrenable por ir a conocerlo, y en lo que revisé su página en Facebook y vi que esa noche estaría dedicada a un ciclo de ambient, uno de mis géneros musicales favoritos, pues mi decisión encontró su confirmación.

En lo que salí del trabajo me fui al bar y me cautivó desde que entré: en una de sus ventanas se mostraba un cartel con información de un curso de Ableton Live, un importante software para hacer música electrónica.

Mi primera impresión del lugar registró una barra al fondo, una serie de televisores vintage encima de la barra, auriculares colgados a uno de los lados de la barra, un proyector que mostraba imágenes en blanco y negro, y una mesa en el centro con parafernalia electrónica donde una una pareja hacía música. Desde ese momento lo supe, lo sentí: Atom era un lugar para mí.

Pedí una pinta de cerveza artesanal en la barra, donde gentilmente me atendió Jacopo, uno de los dueños. Me senté a un lado de la barra a revisar las fotos que le había tomado al lugar y se me acercó Javier, otro de los dueños para darme la bienvenida. El gesto me conmovió, pues creo que es primera vez que me pasa algo así en la ciudad. Javo me estuvo hablando del lugar, comentándome que está dedicado a producir, pensar y promover cultura electrónica a través de presentaciones, cursos y otros eventos especiales. Acto seguido me invitó una cerveza y a que lo acompañara un rato para seguir conversando.

Mientras tanto, comenzó a llegarse al lugar gente muy interesante, uno de ellos fue otro músico electrónico que me presentó Javo y con el que estuve hablando por un rato muy ameno sobre música y tecnología. Otra persona muy interesante que conocí fue a un productor de eventos de música y cine, quien también me invitó a un evento que estaba organizando en Caballito para la semana que viene. En cuestión de minutos, Atom se me había convertido en un caldo de cultivo de cultura.

Atom es un sitio extraordinario, como una especie de templo para la música electrónica y el arte sonoro. La sala ofrece un sonido cuadrafónico que hace posible que el sonido te envuelva, dispone de auriculares para que disfrutes de la música que se reproduce en el recinto, y además sirve como un núcleo del laboratorio musical del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. (De hecho, esa noche iba a tener lugar un after-party de una performance que se daba en el museo.)

Al salir de Atom, y experimentar esta excelente noticia para los que nos apasiona la  música electrónica y la expresión audiovisual, salí con una enorme sonrisa, pues lo supe, lo sentí, en mi panza, en mi mente y en mi corazón: este lugar se había convertido, de una, en uno de mis sitios favoritos de la ciudad.  

jueves, julio 06, 2017

Emociones en blanco y negro



Hay algo que siento cada vez que veo películas en blanco y negro.

Lo que pasa es que no logro descifrarlo. No sé si es melancolía, intriga o misterio; o si quizá es una mezcla de todo. El punto es que cuando veo alguno de estos films que me llega al corazón, se desencadena dentro de mí una conexión muy cercana y especial con esa historia.

En estos días vi una película que entra en esa categoría, y que me gustó mucho (Angel-A), y entonces me puse a pensar en cuáles otras películas en blanco y negro me habían gustado en años recientes.

Como soy un fan de listas, me dieron ganas de hacer una que espero pueda ser encontrada para que puedan disfrutar de las pelis que acá recomiendo. Si saben de otras que puedan recomendarme, pues ¡bienvenidas sean!

(Una aclaratoria: los films acá incluidos fueron filmados en blanco y negro por una decisión estética. De manera que quedan por fuera todos esos clásicos que se filmaron cuando el color no era aún una opción.)

La fille sur le pont (Laconte, 1999): considerado por muchos como un film de culto, esta película de Patrice Leconte (uno de mis cineastas franceses favoritos), cuenta la historia de una chica que intenta suicidarse (Vanessa Paradis) y la relación que surge con quien la salva (Daniel Auteuil). Dos solitarios sin rumbo se unen en este relato enigmático donde la suerte hace de las suyas para afectar las vidas de ambos. Si bien el film puede ponerse a ratos intenso, también destila cierta sensualidad que es muy delicada. En otras palabras, el erotismo proyectado en pantalla está muy
bien logrado.

Blue Jay (Lehmann, 2016): ustedes ya conocen mi obsesión por los films de dos personajes, así que en lo que supe que mi admirado Mark Duplass había escrito y protagonizado esta historia, supe que tendría que verla inmediatamente. Y no me defraudó: esta película me llegó al centro de mi corazón. La actuación de Sarah Paulson es, por si fuera poco, ciertamente extraordinaria. Y el blanco y negro le viene como anillo al dedo a la emotividad del relato.

In search of a midnight kiss (Holdridge, 2007): ésta es la historia de un chico que ya no cree en el amor... hasta que su amigo lo impulsa a conocer a una chica por internet. Aunque reacio al principio, el protagonista accede, conoce a la chica, comienzan a hablar en un café y luego salen a pasear por la ciudad: unas horas mágicas donde van hablar sobre el amor y la vida... No les digo más, sólo añado que es un relato conmovedor, fresco y en cierta forma representa un encantador tributo a la ingenuidad.

Angel-A (Besson, 2005): otro film de culto francés que comienza con una femme fatale que se lanza del puente Alexandre III en París, hasta que la rescata un estafador que pensaba también acabar con su vida. La mujer lo ayuda salir de sus aprietos causándole un verdadero revuelo mediante un replanteo de su forma de pensar y actuar. La cinematografía de este film es estupenda. Pocas veces se ha filmado a París con tanta devoción a su belleza. Es un film distinto, único y cuyas postales de la capital gala te harán suspirar más de una vez.

A Girl Walks Home Alone at Night (Amirpour, 2014): en lo que vi el enigmático tráiler de esta peli supe que tendría que verla. Además estaba siendo muy halagada por la crítica, entonces digamos que su reputación estaba legitimada. El blanco y negro es prácticamente otro personaje en esta misteriosa película, que asusta más por lo que sugiere que lo que por lo que efectivamente termina mostrando.

jueves, junio 15, 2017

The Gilbert era




Living in New York City has been the best experience of my entire life.

And getting to be part of the Gilbert era was one of its highlights.

I’m referring to Alan Gilbert’s tenure as the director of the New York Philharmonic. My affection for this ensemble predates the years I spent in New York (2009-2011). I had always admired tremendously Leonard Bernstein -arguably the ensemble's most popular conductor. During my first visit to New York, one of the first things that I ever did was to walk around the Lincoln Center campus, just to step on the same ground Bernstein must have surely walked on.

But that era is coming to an end: Alan Gilbert is leaving.

Gilbert states that he resigned because, among other things, he didn’t want to go through all the drama of finding a new home for the orchestra, since its current residence (Avery Fisher Hall) needs to go through some remodelling. He also has express his interest of conducting more opera and going back to Europe, where he has led many prestigious orchestras in the past. (He also, and understandably so, wants to spend more time with his family.)

Now that Gilbert is leaving, people (audience, critics) seem to realize the importance of his mandate. In my opinion, Gilbert' greatest achievement was giving back some of the edge the New York Philharmonic had lost under Kurt Masur and Lorin Maazel’s previous leaderships.

The conductor was, above all, bold; he programmed risky music -Stockhausen, Honegger, Berg- while paying homage to the classics -Haydn, Mozart, Bach. He also played works by many remarkable names in the contemporary scene -Adams, Lindberg, Salonen. He  founded Contact!, a new music series and a new music biennial. And last but not least, he played a lot of music written by female composers.

My own experience with Gilbert couldn’t have had a better debut: I got to see his magnificent staging of Ligeti’s Le grand macabre. From the moment he put his baton down, I knew I was taking part in one of New York’s recent music landmarks. And everyone else seemed to agree with me on that.

And the rest of his work that I was able to see was equally outstanding: his rendition of Alban Berg’s Violin Concerto will forever inhabit in my memory; I cried my heart out listening to his Mahler’s second symphony; and experiencing his Brahms second symphony was also heart-wrenching.

I also had the great opportunity to hear the New York Philharmonic outside Avery Fisher Hall: I saw it in Central Park, St John’s Cathedral and Carnegie Hall, where he conducted an imposing interpretation of John Adams’ Harmoneliehre. In all of those venues the orchestra sounded superb.

It’s been reported that his ambition for innovation wasn’t neither shared nor backed by some of the orchestra’s executives. I guess that influential people in the management and -I dare to say- some powerful donors among its audience, didn’t like what he intended to develop. Well, you know what? Shame on them! Could you have imagined how Messiaen’s epic opera Saint Francois d’Assise would have sounded had he been given the opportunity to stage it? Those failed expectations break my heart -even when I’m not leaving in the city anymore...

I’m not only disappointed in Gilbert quitting one of New York's finest cultural organizations, I’m also let down by the appointment of his successor. (I’ve been already
vocal about it, by the way.) I only hope I will be proven wrong -I love the orchestra and I wish for it nothing but the best.

Alan Gilbert embodied what New York music-making should be: badass, provoking, refined. It’s a great misfortune that some executives and donors didn’t appreciate him enough.

Thank you, Maestro!

lunes, mayo 29, 2017

Mis bodegones favoritos de Buenos Aires


En mi casa siempre se comió rico.

Cuento con la gran fortuna de haber crecido en el seno de una familia que se esmeró, no sólo en preparanos buenas comidas, sino también en llevarnos a comer en sitios muy buenos.

Cuando era niño y vivía en Caracas, en la urbanización de Las Terrazas de las Acacias, mis padres solían llevarnos, de vez en cuando, a comer a los ricos restaurantes italianos que quedaban sobre -y en las zonas aledañas a- la Avenida Victoria: Santa Mónica, Los Chaguaramos, etc. Las comidas eran deliciosas y abundantes, y el servicio era bastante cálido y familiar, de manera que esas lindas experiencias están insertadas en el mosaico de memorias de mi niñez.

Comento esto para establecer cierto contexto de lo que ahora pretendo describir. Desde que llegué a Buenos Aires me he sentido irresistiblemente atraído hacia sus bodegones: lugares con una estética muy reminiscente de esos sitios a los que iba en Caracas cuando era niño. La comida es generosa, gustosa y la atención es muy “de barrio”: afectiva y cercana, sin ningún tipo de pretensiones o falsas cortesías.

En pocas palabras: éstos son mis sitios favoritos de Buenos Aires para ir a comer. Desde que llegué hace cinco años me he dado a la tarea de investigar bodegones. Todo el tiempo estoy buscando por internet y preguntándole a amigos sobre lugares que entran en esta categoría y que debo conocer. Por lo tanto, en esta lista están condensados decenas de pruebas: unas muy satisfactorias y otras olvidables, por supuesto.

Así que si quieren comer bueno, bonito y barato en Buenos Aires, éstas son mis recomendaciones:

Albamonte (Av. Corrientes 6735): este es un auténtico bodegón clásico. La atención no es muy cálida, pero el servicio es eficiente. Lo único malo es su ubicación, pues está en pleno Chacarita, así que, con la excepción del Cementerio, existen pocas cosas atractivas para visitar en su cercanía. En otras palabras, el viaje sería exclusivo para comer bien. (Pero vale la pena: háganme caso.)

Spiagge di Napoli (Av. Independencia 3527): en este bodegón de Boedo tuve una de mis primeras comidas memorables en Buenos Aires: una cena muy rica después de haber ido a ver una excelente obra de teatro en Timbre 4. Desde ese momento, Spiagge di Napoli se ganó un sitio especial en mi corazón. Recomiendo con entusiasmo sus pastas. Eso sí: si quieren ir a almorzar los domingos (por la noche no abren ese día) procuren ir temprano porque la concurrencia es altísima y la espera por una mesa es bien larga.

Bar Norte (Talcahuano 953): Entre Tribunales y Recoleta está ubicado este bodegón sin pretensiones y con muchos banderines de clubes de fútbol, y es el tipo de sitio que te premia con cada visita. La atención es muy cercana, las milanesas son inmensas y muy gustosas; y el guiso de lentejas, cuando está como plato del día, es un tiro al piso. A eso de las 2 de la tarde el sitio está usualmente atestado de gente, así que recomiendo adelantársele a esa hora pico e ir un poco más temprano.

Martita (Cochabamba 3700): Un día, mientras hacía una investigación sobre bodegones en Boedo, di con este lugar e inmediatamente me dieron ganas de ir a conocerlo, simplemente porque hablaban maravillas de su matambre de cerdo. Mi impulso me llevó a conocerlo ese mismo día y no se equivocaron: su matambre es una cosa de locos. La atención es un poco descuidada pero la estética kitsch del lugar te hace olvidarla un poco. La comida no sólo es barata: es realmente buena.

A las 12 Paco’s (Talcahuano 236): Cada vez que pasaba por la calle Talcahuano en busca de instrumentos musicales, le pasaba por el lado a este lugar. Y había algo que me llamaba la atención, sólo que no podía identificarlo. Finalmente me decidí entrar un día y me llevé una grata sorpresa con un 1/2 bife de chorizo que pedí: estaba glorioso. Los meseros son bastante amables y sus clientes habituales le confieren un ambiente de barrio bastante particular. Incluso cuando el lugar está lleno cierta calma reina en el salón, así que todo apunta a tener una experiencia agradable.

El Rincón (Uriburu 1759): Mi mejor amigo tenía tiempo insistiendo en que conociera el lugar, dada mi preferencia por este tipo de sitios. Finalmente fui con una amiga y pedimos una de las mejores paellas que me he comido en mi vida. La atención es tan cercana que yo le adjudicaría el calificativo de dulce. Y su ubicación -a uno de los lados del Recoleta Mall- hace que este sitio sea perfecto como una parada anterior -o posterior- a alguna salida al cine o alguna visita a los museos del Centro Cultural Recoleta o al de Bellas Artes.

Don Ignacio (Av. Rivadavia 3439): este es un bodegón de milanesas. Y en dicha exclusividad precisamente yace su encanto. Ambientado con una hipnótica parafernalia rockera, este lugar prepara milanesas muy particulares y naturalmente muy ricas. Muchos de mis amigos venezolanos se quejan de que han llegado a cansarse de comer tanto este plato. Pues a ellos mismos va dirigida esta recomendación: las milanesas que hacen en Don Ignacio son una auténtica bocanada de aire fresco de comida porteña.

Esta lista está lejos de ser definitiva. Así que si conocen algún sitio que no haya mencionado acá que merezca mi visita, ¡háganmelo saber! ¡Hasta podríamos ir a comer juntos!

lunes, abril 24, 2017

Cita con uno mismo


Cada vez que salgo a tomarme un café, suelo hacer algo: leer un libro, escribir, hablar con alguien. Sin embargo, recientemente he descubierto el poder de ir a tomarme un café y no hacer nada. O mejor dicho, ir a tomarme un café y pensar.

Suena sencillo, pero intente imaginarse lo difícil que resulta, en estos tiempos tan agitados, recargados de información y tan estimulantes a la distracción, el hecho de poner todo a un lado y refugiarnos en nuestras mentes para enfrentarnos a lo que allí habita.

Esto -irse a un café y sólo dedicarse a pensar- es lo que a mí me gusta llamar “citas con uno mismo”. Cada vez que me siento inquieto o incómodo con algún aspecto de mi vida, me obligo a ir a una cafetería, pedir un café y no llevar nada conmigo -ni un libro, ni la laptop, ni nadie. La cita consiste sólo entonces de una taza de café y mis pensamientos.

Se los recomiendo de corazón: váyanse un día, salgan con ustedes mismos y pónganse a pensar. Sólo eso, ojo: no anoten nada, escondan el celular, sólo piensen.

Al final de esa cita puede que no haya un beso, un capítulo de una novela leído, o una página escrita, pero terminarán mucho más tranquilos pues pensar es el primer paso para decidir. Y decidir, el primer paso para mejorar.

martes, febrero 28, 2017

Me la quiero dar de James Franco



James Franco es uno de los artistas que más me inspiran en este mundo: es talentoso, estudioso, incansable y excepcionalmente creativo.

Cuando vivía en Nueva York y comenzó a circular la información de que Franco se había inscrito en algo así como en cuatro maestrías a la vez mientras llevaba adelante sus numerosos proyectos artísticos, literarios y audiovisuales, la New York Magazine publicó un perfil de él que desde entonces ha encontrado un sitio permanente en mi biblioteca virtual.

Ese perfil me inspiró –y me ha inspirado- tanto, que cada cinco o seis meses lo vuelvo a leer: es una fuente inagotable de motivación.

El ímpetu de Franco ha generado crítica, encontrado reticencia y recibido con cierta suspicacia. Comentarios van y vienen en la web sobre sus incontables proyectos, su inmenso narcisismo y su cualidad de provocateur.

Ahora bien, yo me pregunto: ¿qué es lo que precisamente se le critica a James Franco? ¿Su avasallante apetito intelectual por querer formarse académicamente y crecer como artista? ¿O acaso es su extraordinaria voluntad y entrega para crear?

Yo confieso que me siento muy cercano a él: a mí me encanta estudiar y nada me hace sentir más vivo que crear. Así que sí, lo admito sin vergüenza alguna: yo quiero ser como James Franco.

Yo también quisiera aprender durante toda mi vida.

Yo también quisiera crear durante toda mi vida.

Y todos estos deseos no se han quedado pululando en ese éter de las aspiraciones. La inspiración de su ejemplo se ha convertido en proyectos concretos.

De hecho, en estos días en que volví a leer ese perfil, decidí llevar adelante dos proyectos que tenía tiempo queriendo hacer. Asimismo estoy colaborando con dos personas en otras ideas que me emocionan y me quitan el sueño.

¿Qué es lo que más me inspira de James Franco? Que pareciera no tener miedo y que pareciera sólo serle fiel a sus ganas de expresarse a través de cualquier medio: sea una novela, un poemario, una exposición de arte o una obra de teatro.

Sí, yo me la quiero dar de James Franco: yo quiero aprender y crear, incesantemente.

¿Cuál es el problema?