viernes, septiembre 12, 2008

Obra de arte y museo



Acostada, como estás ahora, con la pose natural de quien duerme, aprecio el cuerpo que acaba de dar asilo a mi sentimiento.



El brillo blanquecino y frío de la luna bordea con delicadeza el contorno de tu seno derecho. El pezón, tímido, trata de esconderse tras el muelle que despliega tu brazo. Las curvas de tus piernas se sumergen en el desierto de sábanas blancas que cubren con celo tu espléndido cuerpo. Eres, a la vez, obra de arte y museo.



Sigues durmiendo tan serena que no me atrevo ni a pestañear para registrar y recordar todo esto que estoy presenciando. Tenerte a mi lado es un lujo que tengo que preservar. No sé si podré tenerte así otra vez. Por eso es que quiero que este momento se me alargue, que alguien allá arriba ponga pausa en el control remoto de nuestras vidas.



Me da miedo hasta de respirar. Te tengo tan cerca que temo que te levantes y me mires mirándote. No quiero interrumpir tu sueño, que es lo que te ha puesto tan cerca de mí y de esta forma. No te muevas, por favor, quédate así… Bueno, la verdad no importa que ahora te hayas volteado. Con tu espalda revelada ante mí, mostrándome la constelación de pecas sobre esa noche pálida que es tu piel, eres otra, eres otra obra de arte.



Pero seguirás siendo, ahorita y hasta que te despiertes, mi obra de arte y mi museo, mi obra de arte y mi…

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